We don’t care nació en 2020 (sí, en plena pandemia) haciendo scrunchies y barbijos mientras terminaba de preparar la primera colección. Pero, si soy honesta, la marca empezó mucho antes.
Desde chica me encantaba jugar con telas y transformar prendas viejas. Con el tiempo, mientras estudiaba diseño de indumentaria, esa idea empezó a tomar forma con un propósito muy claro: crear un espacio donde comprar ropa no sea frustrante, donde encontrar talle no sea cuestión de suerte y donde cada persona pueda sentirse cómoda con su cuerpo.
Porque sé —por experiencia propia— lo difícil que puede ser entrar a un local, probarse algo y sentir que no es para vos. We don’t care nace justamente para decir lo contrario: para vos sí hay.
We don't care significa “no nos importa” y tiene que ver con el carácter y actitud a la que queremos llegar: f*ck u, no nos importa tu opinión o tus estándares de belleza, sí me gusta lo uso Y PUNTO!.
y diganme qué prendas nos han causado más conflicto para comprar o vergüenza para usar que los trajes de baño!
Trabajamos con producción local y en pequeñas cantidades porque no creemos en el Fast Fashion ni en la lógica de usar y descartar
Detrás de cada bikini hay horas de trabajo, pruebas de calce, ajustes de moldes y mucho cuidado en cada detalle. Buscamos que cada prenda sea cómoda, resistente y que realmente valga la pena tenerla en tu placard.
Ademas, buscamos crear un espacio donde revaloricemos nuestros cuerpos y nuestro valor independiente a él y que nos permita liberarnos de los estereotipos o mandatos sociales que nos quieran limitar a que tenemos que usar, cuando o como.
Un espacio en el que se sientan identificadas, acompañadas y escuchadas.
Aunque We don’t care empezó como un proyecto muy personal, hoy es posible gracias a un equipo increíble que acompaña la marca todos los días.
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